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15 abril, 2018

La memoria en el estudio de los instrumentos de cuerda

By planetaviola 0 122 Views

Cuando comenzamos a estudiar una nueva pieza, sea cual sea nuestro nivel y sea cual sea el de la pieza, es muy importante tener la mente despejada.

Muy a menudo, entre el instrumento y el intérprete, y aunque suene desmesurado, se entromete “la partitura”.

Sin la partitura está claro que la pieza no existe, no podemos interpretarla, pero la música no se limita a un simple papel con una serie de líneas, puntos y signos extraños. Una pieza musical es mucho más que todo eso.

Cuando un compositor escribe una pieza, lo hace en su propio contexto tanto estilístico, estético, personal y anímico. Por lo tanto, para poder interpretar una pieza no debemos limitarnos exclusivamente al estudio de todos esos “signos raros” y convertirlos en una melodía. Debemos esforzarnos por dar sentido a todo aquello que el compositor quiso transmitirnos cuando concibió esa partitura.

Una vez tengamos conceptos básicos asimilados, como por ejemplo la contextualización de la pieza, y en qué, por quién o para qué la compuso, debemos de hacerla nuestra. ¿Y cómo podemos hacerlo?

 

 

Hay un camino muy sencillo, y es la eliminación de la propia partitura. Como os comentaba al inicio, la intromisión de la partitura en nuestra propia interpretación, puede limitarnos y hacer que ciertos aspectos interpretativos o técnicos pasen inadvertidos. ¿Quién es el culpable de esto? Es la concentración. Como ya os comentaba en otro post, es muy importante la concentración en el estudio. Y de todo ello se puede sacar la conclusión de que con la interiorización, es decir, memorización de la partitura, tenemos una importante batalla ganada. Esa composición de otra persona llegará a convertirse en nuestra.

 

 

Con la experiencia tanto personal como profesional con mis alumnos, muy a menudo veo que conceptos tan básicos como la afinación o un simple roce de cuerdas vecinas pasan inadvertidos porque la atención está siempre puesta en la partitura. Y no es que debamos leerla para poder tocarla. En la gran mayoría de los casos, la memorización va implícita con el estudio diario y poco a poco la vamos interiorizando inconscientemente. El único paso que nos quedaría pues, sería “retirar” la partitura, y como si se tratase de alzar el vuelo por primera vez, soltar todo lo que llevamos dentro sin la necesidad de tener metida la cabeza (y con ella la atención) en un trozo de papel.

¿Qué mejor manera de hacer propia una música compuesta por otro que tocarla desde nuestro interior, sin necesidad de elementos externos?

En mi día a día en el aula, intento que los alumnos toquen de memoria pero no solamente las piezas. En ocasiones, ejercicios técnicos deben ser tocados de memoria para que nuestra atención está única y exclusivamente a lo que debe de estar. Entre la partitura o libro y nosotros, hay un mundo de cosas que van sucediendo que hace que nos distraigamos.

Un método para practicar la concentración en el estudio y poner en práctica el estudio de memoria, será tocar con poca luz o incluso a oscuras completamente para así estar solo pendientes de lo que suena. Es lo más parecido a escuchar una grabación de uno mismo pero en directo. Ahí es donde vas a estar escuchándote y no oyendo, porque no es lo mismo escuchar que oír.

 

 

En definitiva, la memoria es una aliada que tenemos que tener presente en nuestro estudio cotidiano y rápidamente veremos sus beneficios.

¿Tocamos a oscuras? Si no lo has probado, probablemente llegues a sorprenderte, y para bien. Si es así, te animo a que lo comentes en el post.

Un saludo,

Carlos 😉

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